Reducción fenomenológica del recorrido sonoro

Conclusión: la influencia del sonido en los recorridos peatonales

Estos recorridos vendrán a ser reorganizados a voluntad, en la actividad imaginativa del habitante del espacio, a la manera de senderos, en ocasiones excluyendo avenidas congestionadas del tráfico vehicular y camiones, de los corredores peatonales diseñados para llegar a puntos específicos. Romper con las estructuras impuestas por los caminos tomados a la deriva, en una forma de apropiación del espacio donde surgen figuras de paseantes que reinventan la ciudad, desde la motivación   sonora, en búsqueda de conquistar con movimientos espaciales –afectivos e intuitivos– las calles y plazas, en el lugar que se puede andar libremente, sin la presión del tiempo mecanizado, en el afán y agrado de las sensaciones, en experiencias estéticas, transformando así el mundo real que en ocasiones es devastador a la mirada.

Es entonces el efecto sonoro, un territorio fértil del imaginario habitante, que acorda como una melodía el ruido de la ciudad, para la conformación creativa de los recorridos del lugar; la complejidad de la situación bulliciosa es contrapuesta con la idea del lugar de calma, incluso el silencio de la noche es confundido con el miedo a la inseguridad, como arquetipos de las figuras nictomorfas, en las figuras que se recrean de la ansiedad por el espacio vacío, donde vemos figuras malignas que son abstracciones, en contraposición del sentimiento experimentado ante la falta de certeza del sonido, el silencio –efecto enunciado en los recorridos del campo de estudio– puede ser el indicio de la falta de seguridad.

 

Modelo de la escucha urbana al caminar

Bajo esa premisa estética, el fenómeno sonoro cuando es percibido en movimiento, es evidenciado desde la perspectiva fenomenológica, que encontramos desarrollado como base, en el trabajo principal de Pierre Schaeffer: el objeto sonoro (1966), quien retoma la idea fenoménica de Husserl y se inscribe en el momento clave de la libre percepción; el Epojé, construyendo una teoría aplicada a la actividad de la escucha, sobre la practica de la reducción fenomenológica del mundo, desde lo sonoro.

Retomamos a partir de este, el esquema de las cuatro escuchas, donde Schaeffer nos representa el diseño de un cuadrante, un recorrido funcional, desde la escucha a la comprensión del significado de lo sonoro, este concepto es desarrollado, en una compleja transición de valores, como un modelo cognoscitivo que se estructura en la percepción y que distingue al sonido desde la señal física, a la materialidad imaginaria, proceso que transita como una cinta de Moebius, desde la percepción objetiva a la subjetiva, y de lo concreto a lo abstracto, en una relación continua, surfeando en las crestas del pliegue del pensamiento. Es el objeto sonoro, un modelo de la deconstrucción fenomenológica del sonido.

Vemos en este recuadro en resumen, como los recorridos de la deriva y el desvió de caminos peatonales se ha manifestado como un libre albedrío del uso del espacio en las ciudades, que están edificadas bajo las fuerzas de las políticas urbanas por décadas, así vemos como el urbanismo ha fracasado a los largo de su historia como la disciplina que infiere en la construcción de las megalópolis, sin conexiones con la sociedad, como ya se había manifestado en los movimientos sociales del 68 con los artistas Situacionistas, quienes vislumbraban la utopía de generar un micro urbanismo (urbanismo unitario), en las acciones de las practicas urbanas y micro eventos cotidianos de la gente, en estos eventos se vendría a construir el lugar urbano, donde solo la gente podrá recuperar el concepto de lo urbano –situación social que es el eslabón entre la ciudad edificada y sus estructuras sociales– es en un acercamiento a las prácticas cotidianas de apropiación del suelo, como ir, andar y vivir en libertad la ciudad.

En esta acción de apropiación del espacio fueron convirtiendo los sitios de estudio en lugares vividos desde los sonoro, en lugares urbanos, como una acción artística, al andar la ciudad. La gente ha evocado nuestra memoria e imaginario cultural en el lugar, surgiendo figuras peatonales sonoras a la deriva, en una deambulación, que hace eco a la idea de vagabundear, practicada por Baudelaire, y remasterizada en la filosofía de Walter Benjamín.

            Es en la experiencia vivida donde la ciudad toma significado en la travesía de sus prácticas cotidianas, donde los ambientes inmateriales como el ruido urbano, la pestilencia y la iluminación intermitente de una esquina, se va reconstruyendo bajo la acción poética de transformarla en un mosaico donde el “tag” de nuestro imaginario, nos da la oportunidad de ser el artista anónimo, en la reconstrucción de la ciudad. Así caminar, es perderse y encontrarse en la calle, es el ritual de nuestro existir urbano.

…la reducción es presente como el regreso a una consciencia trascendental delante de la cual el mundo se abre dentro una transparencia absoluta, animada de poco a poco por una serie de apreciaciones que la filosofía será encargada de reconstituir a partir de su resultado (Merleau-Ponty, 1945, p. 11).